viernes, 23 de febrero de 2007

Con las víctimas del terrorismo

El 1 de febrero se inauguraba en Burgos el seminario “La voz de las víctimas del terrorismo: memoria, dignidad, justicia y libertad”. Tres víctimas del terrorismo, Cristina Cuesta, Irene Villa y María del Mar Blanco, pidieron en Burgos que el gobierno tenga memoria política y que haya justicia, como medios para derrotar al terrorismo.

En la mesa redonda que abría el seminario organizado por el Foro Burgalés de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Cristina Cuesta, portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE) e hija de un asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas en 1982, mostró su confianza en "la memoria política y ética que evidencia a los verdugos y se posiciona a favor de las víctimas". En este sentido, Cristina Cuesta insistió en que "el dolor tiene que servir para que la historia no se repita y haya justicia democrática". "Si el final del terrorismo se centra, como desgraciadamente está ocurriendo, más en el olvido y la impunidad que en la memoria y la justicia, poco favor haremos a las víctimas del terrorismo y a la sociedad española, porque este problema no acabará".

Por su parte, Irene Villa, víctima de un atentado de ETA junto a su madre en 1991, cuando tenía 12 años, aseguró que nunca ha sentido deseo de venganza ni odio. Sin embargo, afirmó que esto ha sido en parte porque siempre ha creído que "el que la hace la paga" y advirtió de que si esto no es así "se tambalea el Estado de derecho". Irene Villa pidió "que no se olvide para que las heridas se curen recordando" e insistió en que el apoyo social es importante para las víctimas del terrorismo.

En esta misma línea abundó María del Mar Blanco, hermana del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado por ETA de un disparo en la cabeza en 1997, y presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco. María del Mar Blanco aseguró que las víctimas quieren la paz, "pero no cualquier paz ni a cualquier precio" y reivindicó "la verdad, la memoria y la justicia, no la venganza ni la revancha". Recordó que ahora se cumplen diez años del asesinato de su hermano y que después "tuvimos muy cerca acabar con ETA con la unidad y el consenso". María del Mar Blanco consideró que en los dos últimos años se ha intentado apartar a las víctimas y ocultarlas. En este sentido, recordó que "después de tantos años de lucha para encontrar un lugar" las víctimas se convirtieron en "un símbolo" y consideró que "de la noche a la mañana esto se ha venido abajo y seguimos teniendo el apoyo social, pero ya no del gobierno".

Decía con razón Miguel de Unamuno “primero la verdad que la paz”, porque no sirve cualquier paz, porque la paz no es una simple ausencia de violencia, sino que la paz tiene que estar necesariamente basada en la libertad, en la justicia y en la verdad.

Escuchar a las víctimas del terrorismo es justo y absolutamente necesario, por un ejercicio de memoria y de decencia de nuestra sociedad. Es gratificante escuchar los testimonios de dignidad de personas con una gran calidad humana, a quienes nunca agradeceremos suficientemente el sacrificio que han hecho y siguen haciendo por nuestra sociedad. Unas víctimas a las que últimamente se acalla, se vilipendia y hasta se insulta.

Unas víctimas a las que la Iglesia en muchas ocasiones ha olvidado y ha ofendido, mostrando ambigüedad, poniéndose del lado de los verdugos, o culpabilizando a las víctimas acusándolas de no querer perdonar.

El último detalle es que la diócesis de Bilbao convocara una concentración con el lema «Muévete por la paz», cuya realización coincidía con la marcha convocada en Madrid por el Foro de Ermua. La convocatoria es al menos una falta de tacto y sensibilidad, y esperemos que no algo peor.
En esta batalla no hay terreno neutral: o se está de un lado de la trinchera o del otro. Los discursos de diálogo son una apuesta por quienes han causado más de mil muertos, miles de heridos, familias rotas y dolor a lo largo de cuatro décadas.

A los delincuentes se les detiene, se les encarcela y se les juzga. A todos los ciudadanos, y a los cristianos especialmente, toca estar con las víctimas, escucharlas, arroparlas y solidarizarse con su dolor.

Es descorazonador que haya que estar repitiendo una y otra vez lo mismo, cuestiones obvias como que una paz sin justicia no es paz, que no es posible la negociación con una banda terrorista. Da la sensación de una predicación en el desierto. Pero no podemos caer en el desánimo, en el desistimiento y el silencio. El día que lo hagamos, habremos perdido la batalla. Una batalla en la que seguimos combatiendo por muchísimos motivos, el fundamental de todos porque tenemos razón. Mañana sábado, a las 5 de la tarde, en la plaza de Colón de Madrid, las víctimas del terrorismo y todos los españoles de bien alzarán de nuevo su voz por las víctimas y con las víctimas, por la libertad, por la derrota del terrorismo y contra la negociación con una banda terrorista. Es penoso tener que repetirlo, pero es necesario para que al menos quede patente que una gran parte de la ciudadanía no ha perdido el juicio, el sentido común, la dignidad y la esperanza.

jueves, 22 de febrero de 2007

La hora de los ciudadanos

Con la bomba en la Terminal 4 del aeropuerto de Barajas se ha puesto el fin a un pretendido «alto en fuego» de ETA, que no ha sido tal, puesto que han sido constantes los actos de terrorismo urbano, extorsiones, amenazas, robos de armas,…

Quien sí ha declarado una tregua ha sido el Estado español, que ha renunciado al principio moral y de sentido común de que con una banda terrorista no se puede negociar, que no ha detenido a un solo etarra en todo este proceso, que se ha negado a reconocer el rearme de ETA a pesar de las evidencias y advertencias de la policía y las autoridades francesas, que ha permitido impunemente homenajes a terroristas, que nos ha sometido a espectáculos bochornosos de reducciones de penas a sanguinarios terroristas, o declaraciones de que Otegui es un abanderado de la paz. Se ha insultado y criminalizado repetidamente a las víctimas del terrorismo, tratando de crear enfrentamientos entre ellas, acusándolas de poner obstáculos al fin del terrorismo, practicando detenciones ilegales, insultando a un minusválido por osar acudir a una manifestación.

A esto nos conduce el relativismo en que se ha instalado nuestra sociedad, con la renuncia a principios morales objetivos. Ya lo advertían los obispos españoles en su instrucción pastoral Orientaciones morales ante la situación actual en España: “Los criterios operantes en las decisiones políticas no pueden ser arbitrarios ni oportunistas, sino que tienen que ser criterios objetivos, fundados en la recta razón y en el patrimonio espiritual de cada pueblo o nación, con carácter vinculante reconocido y respetado por la comunidad, a los que ciudadanos y gobernantes deben someterse en sus actuaciones públicas. Lo contrario sería vivir a merced de la opinión de los gobernantes, con el riesgo evidente de caer en el cesarismo y en el desarraigo”. Y eso es la antesala del totalitarismo.

Se ha profundizado en una perversión del lenguaje que ya se había iniciado antes: los asesinos son violentos; los terroristas, la izquierda abertzale; las ensoñaciones de fanáticos criminales, se denominan “el conflicto vasco”.

Pero ahora se ha llegado al colmo de la iniquidad, ya que las matanzas criminales de ETA se han convertido, para el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en «trágicos accidentes mortales».

Todo este llamado «proceso de paz» –en realidad de rendición y desarme del Estado– ha ido acompañado por una serie de corifeos que tildaban de no desear el final del terrorismo a quienes advertíamos de que éste no era el camino y de las consabidas encuestas que señalaban que una gran parte de la población estaba encantada con la renuncia a los principios, la rendición del Estado y ceder cualquier cosa con tal de alcanzar la «paz». Se ha consumado una letal combinación entre un gobierno irresponsable e inmoral y una sociedad cobarde.

Sin embargo, no toda la sociedad ha estado en esta dinámica, y han sido constantes y masivas las manifestaciones contra este proceso, a pesar de las detenciones, los insultos y las amenazas. Esta sociedad civil, silenciosa, que no se rinde, ha hecho que permanezcan vivos los rescoldos de dignidad de un Estado que los mismos gobernantes pretenden dilapidar. Sin ir más lejos, los días 11 de cada mes, a las 8 de la tarde, en la Plaza Mayor de Burgos y en numerosos lugares de toda España, se convocan concentraciones con el lema “11-M: Queremos saber. En memoria de las víctimas del terrorismo: dignidad y justicia”.

Sin duda, es más cómodo mirar para otro lado o quedarse sentado en el sillón de casa o no meterse en política. Pero estaríamos renunciando a nuestra condición de personas libres.

Por supuesto, ETA es la única culpable del atentado de Madrid, pero el Gobierno español y sus adláteres son responsables de haber dado carta de naturaleza y haber convertido en interlocutor a una banda de asesinos ante los que no cabe otra política que la firme y contundente acción policial y judicial para acabar con una lacra que lleva 40 años campando a sus anchas en España, porque les sigue resultando rentable la práctica del terrorismo.

El señor Rodríguez Zapatero, en una mezcla de nihilista, demagogo, inmoral e irresponsable, sigue haciendo discursitos sobre la paz y guiños a los terroristas para intentar salvar ese “proceso de paz” al que ha entregado toda su acción de gobierno. Este sujeto, que llegó al poder tras un atentado con 192 muertos, un bochornoso espectáculo de manipulación y pancartas reclamando saber la verdad, nos sigue ocultando la verdad de los atentados del 11-M, en un proceso plagado de irregularidades y pruebas falsas. En cualquier país decente, Zapatero no sería ya presidente del Gobierno, pero España sigue siendo diferente.

Ojalá éste sea el año de la rebelión cívica, el año en que suene la hora de los ciudadanos, que seamos valientes para dejar claro a nuestros gobernantes que el fin no justifica los medios, que no nos conformamos con cualquier paz o una paz “como sea”. Que seamos conscientes de que la libertad no se nos regala y que tenemos que pelear por ella, y de que el ejercicio democrático no se reduce a depositar una papeleta en la urna cada cuatro años.

Mi deseo para este año 2007, puede resumirse en la frase del salmo 33. “Busca la paz y corre tras ella”. Y para ello, no olvidar lo que Jesús nos dijo en el Evangelio: “La verdad os hará libres”.