El 1 de febrero se inauguraba en Burgos el seminario “La voz de las víctimas del terrorismo: memoria, dignidad, justicia y libertad”. Tres víctimas del terrorismo, Cristina Cuesta, Irene Villa y María del Mar Blanco, pidieron en Burgos que el gobierno tenga memoria política y que haya justicia, como medios para derrotar al terrorismo.
En la mesa redonda que abría el seminario organizado por el Foro Burgalés de Apoyo a las Víctimas del Terrorismo, Cristina Cuesta, portavoz del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE) e hija de un asesinado por los Comandos Autónomos Anticapitalistas en 1982, mostró su confianza en "la memoria política y ética que evidencia a los verdugos y se posiciona a favor de las víctimas". En este sentido, Cristina Cuesta insistió en que "el dolor tiene que servir para que la historia no se repita y haya justicia democrática". "Si el final del terrorismo se centra, como desgraciadamente está ocurriendo, más en el olvido y la impunidad que en la memoria y la justicia, poco favor haremos a las víctimas del terrorismo y a la sociedad española, porque este problema no acabará".
Por su parte, Irene Villa, víctima de un atentado de ETA junto a su madre en 1991, cuando tenía 12 años, aseguró que nunca ha sentido deseo de venganza ni odio. Sin embargo, afirmó que esto ha sido en parte porque siempre ha creído que "el que la hace la paga" y advirtió de que si esto no es así "se tambalea el Estado de derecho". Irene Villa pidió "que no se olvide para que las heridas se curen recordando" e insistió en que el apoyo social es importante para las víctimas del terrorismo.
En esta misma línea abundó María del Mar Blanco, hermana del concejal de Ermua Miguel Ángel Blanco, secuestrado y asesinado por ETA de un disparo en la cabeza en 1997, y presidenta de la Fundación Miguel Ángel Blanco. María del Mar Blanco aseguró que las víctimas quieren la paz, "pero no cualquier paz ni a cualquier precio" y reivindicó "la verdad, la memoria y la justicia, no la venganza ni la revancha". Recordó que ahora se cumplen diez años del asesinato de su hermano y que después "tuvimos muy cerca acabar con ETA con la unidad y el consenso". María del Mar Blanco consideró que en los dos últimos años se ha intentado apartar a las víctimas y ocultarlas. En este sentido, recordó que "después de tantos años de lucha para encontrar un lugar" las víctimas se convirtieron en "un símbolo" y consideró que "de la noche a la mañana esto se ha venido abajo y seguimos teniendo el apoyo social, pero ya no del gobierno".
Decía con razón Miguel de Unamuno “primero la verdad que la paz”, porque no sirve cualquier paz, porque la paz no es una simple ausencia de violencia, sino que la paz tiene que estar necesariamente basada en la libertad, en la justicia y en la verdad.
Escuchar a las víctimas del terrorismo es justo y absolutamente necesario, por un ejercicio de memoria y de decencia de nuestra sociedad. Es gratificante escuchar los testimonios de dignidad de personas con una gran calidad humana, a quienes nunca agradeceremos suficientemente el sacrificio que han hecho y siguen haciendo por nuestra sociedad. Unas víctimas a las que últimamente se acalla, se vilipendia y hasta se insulta.
Unas víctimas a las que la Iglesia en muchas ocasiones ha olvidado y ha ofendido, mostrando ambigüedad, poniéndose del lado de los verdugos, o culpabilizando a las víctimas acusándolas de no querer perdonar.
El último detalle es que la diócesis de Bilbao convocara una concentración con el lema «Muévete por la paz», cuya realización coincidía con la marcha convocada en Madrid por el Foro de Ermua. La convocatoria es al menos una falta de tacto y sensibilidad, y esperemos que no algo peor.
En esta batalla no hay terreno neutral: o se está de un lado de la trinchera o del otro. Los discursos de diálogo son una apuesta por quienes han causado más de mil muertos, miles de heridos, familias rotas y dolor a lo largo de cuatro décadas.
A los delincuentes se les detiene, se les encarcela y se les juzga. A todos los ciudadanos, y a los cristianos especialmente, toca estar con las víctimas, escucharlas, arroparlas y solidarizarse con su dolor.
Es descorazonador que haya que estar repitiendo una y otra vez lo mismo, cuestiones obvias como que una paz sin justicia no es paz, que no es posible la negociación con una banda terrorista. Da la sensación de una predicación en el desierto. Pero no podemos caer en el desánimo, en el desistimiento y el silencio. El día que lo hagamos, habremos perdido la batalla. Una batalla en la que seguimos combatiendo por muchísimos motivos, el fundamental de todos porque tenemos razón. Mañana sábado, a las 5 de la tarde, en la plaza de Colón de Madrid, las víctimas del terrorismo y todos los españoles de bien alzarán de nuevo su voz por las víctimas y con las víctimas, por la libertad, por la derrota del terrorismo y contra la negociación con una banda terrorista. Es penoso tener que repetirlo, pero es necesario para que al menos quede patente que una gran parte de la ciudadanía no ha perdido el juicio, el sentido común, la dignidad y la esperanza.
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