lunes, 16 de abril de 2007

Benedicto XVI


Benedicto XVI cumple hoy ochenta años, en la misma semana en la que se cumplirá también el segundo aniversario de su elección como Papa. Los dos son motivos de celebración y de acción de gracias al Señor por una vida larga, vivida desde Cristo en la Iglesia, y entregada al servicio de los demás, y por el tiempo de pontificado transcurrido, que ha borrado con los hechos la caricatura que algunos nos quisieron dibujar en un principio.


En este tiempo, el Papa ha dejado su particular impronta de hombre sencillo y humilde trabajador de la viña del Señor, a la par que de teólogo sobresaliente y riguroso. Su primera encíclica, Dios es Amor, es toda una declaración de principios, en la que se refleja, con inusitada hondura y claridad, lo esencial de la fe cristiana. El resto de sus escritos, y especialmente la exhortación postsinodal acerca de la Eucaristía y su libro sobre Jesús de Nazaret, que acaba de ver la luz, profundizan en esta misma senda y nos hacen augurar, si Dios quiere, un pontificado muy fecundo.


Su ejemplo de vida, su obra intelectual y su magisterio son un regalo de Dios, en el que conviven, sólidamente y sin complejos, una fe abierta a la razón y una razón iluminada por la fe. Nada mejor como antídoto a un tiempo de relativismo y pensamiento débil que necesita referentes que nos ayuden en la búsqueda y el descubrimiento de la Verdad, para poder cooperar en su difusión.
¡Felicidades, Benedicto XVI!

1 comentario:

Leo dijo...

Este hombre no me cae nada bien. Si Dios es padre de todos los hombres, por qué el quita derechos a algunos de esos hijos?

Nosce te ipsum


Yo llegué a este mundo sin previo aviso, como dice por allí un sabio, fui arrojado a la vida. Como muchos otros seres humanos, nací en un contexto sociogeográfico concreto, y en un mundo concreto aunque complejo. No elegí nacer pobre, como tampoco he elegido no conocer a mi padre biológico, como tampoco he elegido nacer de un color concreto, ni he elegido ser gay o hetero, ni muchas cosas más... Lo único que puedo presumir de haber elegido es mi actuación en el mundo. Aun asumiendo todas las normas logísticas, sociales y familiares que nos impiden llevar a la praxis total nuestras tendencias hacia el libre hacer, puede aceptar que algunos de mis actos han sido fruto de una elección personal. Y yo me pregunto, si soy preso de una serie de normas de conducta, de una serie de rasgos por nacimiento que actuan sobre mí y me determinan a ser de una determinada manera, ¿por qué debo ser rechazado por una mayoría que nacieron con otra serie de determinaciones filogenéticas y genéticas? Por qué alguien puede creer con el derecho de empequeñecer aún más la cárcel en la que el hombre vive? ¿ Por qué negarle a un ser humano de tu misma especie, y por consiguiente, con una misma trayectoria filogenética el deseo inalienable de ser libre en los pocos aspectos de la vida en que los son la mayoría? Por qué negarle al negro o al chino lo que tú tienes? Por qué negarle a unos derechos de que disfrutamos? Por tanta injusticia en el mundo, y en la sociedades? Quién eres tú, energúmeno para creerte superior a nadie? No te engañes, soy del pescado que comes hoy la espina que te atragantará si no me dejas vivir. Provienes y tienes más relación de la crees con la gente que desprecias. Si no estás de acuerdo con esto, viaja por el mundo y vive situaciones donde no formes parte de la mayoría, a ver qué tal lo sientes.

Lanzo desde aquí un GRITO A FAVOR DE LA LIBERTAD Y LA NO DISCRIMINACIÓN DE NINGÚN TIPO EN ESPAÑA Y EN NINGÚN LUGAR.