sábado, 19 de mayo de 2007

La Iglesia, cada vez más, necesita nuestro compromiso

Cuando llegan estas fechas se nos recuerda desde distintos ámbitos de la Administración nuestro deber solidario de ciudadanos en el servicio al bien común de contribuir con nuestros impuestos.
Dentro del llamado “Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas” (IRPF), también se nos ofrece la posibilidad de asignar voluntariamente una pequeña parte de nuestros impuestos a la Iglesia Católica. Es una fórmula, entre las muchas posibles, de colaborar con la Iglesia Católica para que ésta pueda cumplir mejor sus fines, como son el culto, la educación en la fe y el ejercicio del amor cristiano. Es digno de elogio que al menos una pequeñísima parte de nuestros impuestos podamos decidir libremente si queremos asignarlos a la Iglesia católica y a organizaciones no gubernamentales.

Sería deseable que esta fórmula se extendiera a otras organizaciones. Por ejemplo, que se pusiera una casilla en la declaración de la renta para manifestar si queremos dar parte de nuestros impuestos a los partidos políticos o a los sindicatos. Desde aquí animo a los responsables del Gobierno y la Hacienda pública a tomar esta propuesta en consideración, y a estas organizaciones a tomar el camino de la “autofinanciación”.

Para realizar su ingente labor, la Iglesia, porque está en este mundo, necesita recursos humanos y materiales; es decir, personas que sirven y trabajan en la Iglesia y recursos materiales, como son los edificios y las numerosas y diversas obras e instituciones, por medio de los cuales la Iglesia lleva a cabo su tarea de la evangelización, de la educación, de acción social y caritativa, de las misiones, etc.

Los capítulos más importantes de gastos son el sostenimiento de las personas que trabajan en los servicios de la Iglesia, fundamentalmente los sacerdotes, y la construcción, mantenimiento y restauración de los edificios, sobre todo de los templos. Un capítulo digno de reseñarse son los sacerdotes que atienden nuestros pequeños pueblos, que mantienen viva la llama de la fe y hacen una ingente labor social. Desde un criterio mercantilista, esas parroquias rurales, envejecidas y despobladas, no interesarían. Pero la Iglesia está al lado de los más abandonados de nuestra sociedad opulenta.

Aunque los recursos que se recaudan por medio de la asignación tributaria, es decir por poner la X en la casilla de la declaración de la Renta de las personas física o IRPF, no es la única forma de colaborar al sostenimiento de la Iglesia Católica, sí que es uno de los más importantes; en nuestra diócesis se puede decir que hoy por hoy es necesario. Más aún, gracias a la colaboración de otras diócesis a través del fondo común que se concentra en la Conferencia Episcopal Española, nuestra diócesis de Burgos puede hacer frente a los gastos ordinarios y extraordinarios, pues los recursos que genera nuestra comunidad diocesana son a todas luces insuficientes para hacer frente a los gastos, a pesar del rigor y de la sobriedad.

Hemos de tener presente que el recurso humano y económico principal en el funcionamiento de la Iglesia y, en concreto de nuestra diócesis, es el trabajo desinteresado de tantas personas, unas exclusivamente dedicadas al servicio de la Iglesia, otras en el voluntariado – en el culto, en la catequesis, en la acción caritativa, misionera, social… Es también muy importante el capítulo de ingresos por las aportaciones directamente destinadas a obras concretas, como son la construcción y reparación de los templos y de otros edificios, adquisición de objetos de culto, limosnas y colectas destinadas a las misiones, a los pobres, a la ayuda al desarrollo. Son también de agradecer las ayudas de las instituciones públicas, sobe todo cuando se trata de la restauración de los templos.

Cada vez más, necesitamos tu compromiso, dice el lema de la campaña de este año en la que la Iglesia española pide la asignación del 0,52% del IRPF a favor de la Iglesia Católica, señalando la casilla correspondiente con la X. Efectivamente, cada vez es más necesario el compromiso de los católicos en el sostenimiento económico de su Iglesia. Por eso pide, para poder dar. Máxime cuando a partir del próximo año la Iglesia sólo recibirá del Estado la aportación resultante de esa asignación tributaria, sin complemente económico alguno.Es necesario recordar que hay que marcar la “X” también en el caso en que resulte “A devolver”. Ni vamos a pagar más impuestos por poner la X, si nos sale “A pagar”, ni nos van a devolver menos si nos sale “A devolver”.
La Iglesia no es sólo el obispo o los curas. Es una obviedad, pero que se nos olvida con demasiada frecuencia. La Iglesia somos cada uno de los cristianos, y debemos contribuir en todos los órdenes, con nuestra labor de voluntariado, nuestra entrega perponal y también con nuestra aportación económica.

Nuestra ayuda al sostenimiento de la Iglesia, de ésta o de otras formas, además de un gesto de solidaridad y de gratitud con una institución que se dedica a hacer el bien y a servir a quienes más lo necesitan, tanto en orden espiritual como en el material, es una forma de expresar y de ejercitar nuestra comunión de hermanos y de miembros de la familia de los hijos de Dios. Se trata de una obligación como miembros de la Iglesia de la que formamos parte, y a la que tenemos que contribuir también en su sostenimiento económico.

Y para aquellos que, sin ser cristianos ni considerarse partícipes de la comunidad de la Iglesia, valoran la labor asistencial, educativa, social y espiritual que la Iglesia hace, la casilla a favor de la Iglesia del IRPF es una manera de contribuir sin que les cueste dinero en esta ingente labor social.

Porque la Iglesia, cada vez más, necesita nuestro compromiso.

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